‘CELDA 211’

Celda-211-b

Título: Celda 211

Género: Acción / Thriller

Año: 2009

País: España

Producción: Telecinco / Vaca Films / Morena Films

Guión: Daniel Monzón y Jorge Guerricaechevarría

Duración: 113 min

Presupuesto: 3,5 millones

Beneficios: 14,7 millones

 

 

Resumen

Juan Oliver es un afable funcionario de prisiones que acude a su nuevo lugar de trabajo un día antes de lo previsto para conocer el centro y el ambiente penitenciario. Cuando se encuentra visitando las galerías junto a otros dos funcionarios un cascote se desprende del techo y le impacta en la cabeza. Los dos funcionarios lo refugian en la celda 211, dónde cae inconsciente. En ese instante, se produce un motín en el cárcel y los dos funcionarios lo abandonan. Decidido a sobrevivir, Juan se hace pasar por preso ganándose la confianza de Malamadre, el recluso que controla la cárcel.

 

Estructura

Detonante: Un cascote impacta en la cabeza de Juan y lo refugian temporalmente en la celda 211. Tras empezar un motín, es abandonado.

Primer acto: Juan decide hacerse pasar por preso, y construye una falsa identidad para convencer a Malamadre y a los demás de que es un homicida. Poco a poco se gana su confianza.

Mientras, en las oficinas del centro, Utrilla, un funcionario sin escrúpulos, y el director, se debaten entre actuar de inmediato con los medios propios o esperar a los agentes especiales.

También viajamos a esa misma mañana para descubrir cómo de próspera era la vida de Juan junto a su mujer Elena, a punto de salir de cuentas.

Parece que los geos van a entrar en cuanto vean la mínima oportunidad y la vida de Juan volverá a su cauce de normalidad, pero…

Primer punto de giro: Malamadre y su séquito retienen a tres etarras que se encuentran de paso en la prisión.

Segundo acto: El motín es ahora un asunto de Estado. Malamadre trata de utilizar a los etarras de moneda de cambio. El Ministerio envía a un negociador para que medie.

Haciendo uso de su inteligencia y con un ímpetu que va a más, Juan va ganándose la confianza de Malamadre y de todos los presos, aunque Malamadre no está dispuesto a que le pasen por encima y le deja claro a Juan quien manda. Tachuela y Apache, suspicaces, deciden investigar al recién llegado.

Mientras, el Estado deja de estar del lado de Juan y están más preocupados por sacar a los etarras con vida.

Afuera, una multitud de familiares –entre ellos Elena– se agolpa a las puertas de la prisión, dónde acuden las cámaras. El motín va haciéndose eco a través de los medios. Los antidisturbios descargan contra la multitud. Utrilla se suma a las labores de descarga y le da un porrazo a Elena, que sale malherida.

Malamadre y el resto le enseñan a Juan un video en el que se ve a Utrilla dándole el porrazo a Elena. Malamadre exige que Utrilla baje.

Segundo punto de giro: los funcionarios le dicen a Juan que Elena ha muerto y Juan mata a Utrilla.

Tercer acto: Juan empieza a perder la cabeza. El afable funcionario se ha transformado en un asesino impulsivo fuera de si. Siendo ahora una cuestión personal, Juan se compromete con la causa de los presos hasta el punto que encabezarla ante la visita de nuevo negociador de mayor rango, lo cual enfurece a Malamadre.

Entonces, los funcionarios deciden vengarse del asesinato de Utrilla contándole a Malamadre la verdad: Juan no es un preso sino un funcionario.

Finalmente, los geos acceden a la prisión y Apache, en nómina de los funcionarios, mata a Juan y a Malamadre.

Protagonista: Juan Oliver, un correcto funcionario de prisiones y feliz hombre de familia.

Antagonista: Malamadre, presos, funcionarios, el Estado…

Objetivo del protagonista: sobrevivir y volver a su feliz vida conyugal.

Aliados: funcionarios (según sus intereses), Malamadre…

Barreras y reveses: asesinato de un preso, reclusión de los etarras, intereses políticos, asesinato de Elena…

 

Mi análisis

De las películas que hasta ahora he analizado, ‘Celda 211’ es la que mejor encaja con la idea de ‘película de género’. Aunque la verdad es que tampoco se enmarca en un género claro. Tiene ingredientes de película de acción, de thriller, incluso de drama social. Pero más que detectar el molde cinematográfico de la película nos interesa ver por qué ‘Celda 211’ funciona tan bien a nivel de guión, por qué nos atenaza a golpe de contingencia sin dejarnos apenas respiro. A ver si podemos poner en práctica ese ‘sentido común’ del que habla Ana Sanz-Magallón en su librazo ‘Cuéntalo bien’, que he leído hace poquito.

La historia plantea una poderosa premisa de ‘pez fuera del agua’, con altas probabilidades de muerte: un funcionario de prisiones recién llegado queda atrapado en pleno motín y se hace pasar por preso. El detonante da paso, inmediatamente, a una cuestión dramática clara, un problema de grado vital que deberá ser resuelto y cuya respuesta encontraremos –si todo va bien– en el clímax: ¿Conseguirá Juan mantener su mentira y salir vivo de la prisión? Con semejante aprieto para la vida del protagonista, el espectador no puede hacer otra cosa que agarrarse a la butaca y tragar saliva.

La película abre con un prólogo en el que vemos a un preso suicidándose. Más tarde descubriremos que ese recluso habitaba la celda 211 (la misma en la que se queda encerrado el protagonista) y que cayó en depresión por culpa de un tumor que el médico del centro no supo diagnosticar a tiempo (una negligencia no sólo individual, sino sistémica). Un dato que funciona de aporte en el papel antagónico del funcionariado en beneficio de los reclusos, cuya causa el espectador termina haciendo suya.

Ya en trama, el detonante tiene lugar cuando un cascote se desprende del techo (entendemos que de forma provocada) y cae sobre la cabeza de Juan, dejándolo medio inconsciente. El planteamiento del primer acto queda cerrado con la decisión de Juan de hacerse pasar por preso.

Entonces, Juan es conducido por otro preso ante Malamadre; una escena vibrante dónde asistimos a la primera toma de contacto entre los dos personajes antagónicos. Ante el peligro de muerte inminente, Juan tira de un inusitado instinto interpretativo para venderse como aquello que nunca sería: un homicida. Así se planta el primer nudo de la subtrama Juan-Malamadre, alimentada por esa improvisada mentira que Juan irá perfeccionando poco a poco hasta revelarse verdadera a ojos de Malamadre. Una forja de amistad (un desarrollo positivo) que, como también hemos visto en las películas analizadas anteriormente, tiene su reverso de conflicto y tensión en la trama: cuanto más sincera parece la relación entre Juan y Malamadre más se tensiona la mentira que subyace y más destructivas prometen ser la consecuencias. Cada acción que lleva a cabo el protagonista (tapar la cámara, mostrar a los etarras con vida para evitar la entrada de los geos, cortarle la oreja al etarra…), sirve para reafirmar su falso compromiso a la vez que lo sitúa al borde de un precipicio que va ganando en altura. Una adaptación carcelaria que, a fin de darle verosimilitud, está construida de forma progresiva: la suspicacia de Malamadre va diluyéndose a medida que Juan se compromete en su papel, hasta que ya parece imposible que Juan no sea lo que dice que es. Una cuerda en extrema tensión.

La trama de adaptación carcelaria transcurre paralelamente a otras dos tramas:

Una de ellas narra cómo era la vida de Juan junto a su mujer Elena –que está embarazada– esa misma mañana, minutos antes de acudir al centro. Ésta se introduce de forma alternada, siempre buscando el contrapunto placidez-tensión. Ésta línea narrativa acaba convergiendo en el presente más tarde, cuando Elena se entera de lo ocurrido y acude a las puertas de la prisión. Una trama que proporciona la motivación emocional al protagonista, cuya supervivencia ya no es sólo una cuestión individual sino que afecta a lo que más quiere.

En la otra trama entran en juego los funcionarios de distinto rango y espectro moral (el obediente, el pragmático, el empático…) que, en este primer acto, debaten sobre cómo atajar la sublevación de los presos. Un funcionariado que se dibuja cínico y negligente, por prudente o por impetuoso. Entre ellos, Utrilla es el típico (tal vez demasiado) funcionario de mano dura y métodos moralmente cuestionables, partidario de entrar a la fuerza con los medios de que dispone el centro. El director, ordinario y cumplidor, prefiere esperar a los geos. Cuando parece que los geos están a punto de acceder y devolver a Juan a su plácida existencia se descubre que en la prisión hay tres etarras, y que Malamadre los ha retenido (1er PG). La entrada de los geos queda pospuesta. El motín es ahora asunto de Estado. Que siga la peli.

cell2112

Los guionistas utilizan a los etarras de macguffin, puntal para construir la peripecia del segundo acto cuyo objetivo real es el de intensificar el conflicto central, reafirmando el compromiso de Juan con su papel de preso a la vez que trata de buscar una salida a la situación.

El cambio de tendencia definitivo entre Juan y Malamadre (incluso con Tachuela, el preso más suspicaz con el recién llegado) se produce cuando, gracias a Juan, evitan la fatídica entrada de los geos.

Pero entonces todo se va complicando y llega ese momento en el que los malos ‘estrechan el cerco’, minando las posibilidades de Juan de salir con vida (presos que lo investigan, funcionarios que imponen los intereses políticos a su vida, y Malamadre, que aunque ve en Juan un aliado no está dispuesto a que le pasen por encima).

La situación se vuelve especialmente trágica cuando los antidisturbios tratan de despejar el tumulto de familiares que se han agolpado a las puertas de la prisión y Utrilla golpea a Elena, que cae inconsciente (midpoint). Dejando de lado lo casual y conveniente del suceso y su enorme repercusión posterior en la trama, lo que si está claro es que representa un punto de inflexión puesto que impulsa la historia hacia un nuevo y peligroso escenario: por un lado, provoca que Malamadre y su séquito decidan acabar con el líder de los etarras (aunque de nuevo Juan media para minimizar las consecuencias, que ahora serían fatales, cortándole solamente una oreja), y por el otro, convierte la supervivencia de Juan en una cuestión emocional (ya importa tanto su vida como la de su mujer y su futuro hijo).

Malamadre y los demás le enseñan a Juan un video en el que se ve a Utrilla pegando a Elena y exigen que el funcionario baje al módulo alegando que “para negociar con un hijo de puta mejor un hijo de puta conocido”. Es una trampa. Una vez Utrilla se encuentra frente a los presos, uno de los funcionarios le comunica a Juan que Elena ha muerto (revés emocional y 2º PG). Utrilla trata de revelar a voces la farsa de Juan, pero éste se abalanza sobre él y le corta el cuello (desbaratando cualquier incipiente duda), momento en el que el arco del personaje alcanza su punto climático: el afable funcionario se ha convertido en asesino, de misma condición que los demás presos.

celda-211-2

El tercer acto se inicia con un Juan que pierde la cabeza y trata de suicidarse, sin éxito. Despojado de aquello que más amaba y convertido en un criminal más, decide ponerse al frente de la causa carcelaria. Una decisión que tal vez convenga más a la película que a la historia, cuya continuidad se antoja algo forzada tras la pérdida de todo aquello que Juan quería y la inmediata consumación de venganza sobre el verdugo. Aunque aún queda trama y subtrama por limar, el interés narrativo, en mi opinión, decae con la muerte de Elena y su hijo, la principal motivación del protagonista para seguir luchando.

El asesinato de Utrilla despierta el lado vengativo del Estado, que decide revelar a Malamadre la verdad que hay detrás de ‘calzones’ para así incitar su asesinato. Pero a estas alturas ya tenemos claro que Malamadre no es sólo un monstruo sino un hombre con un código de honor muy particular. La película encauza su clímax cuando Malamadre le dice a Juan que ya conoce la verdad, pero que no le va a matar; no antes de que tenga lugar la gran escaramuza policial. Un broche de oro tanto para el personaje de Malamadre (un hombre sanguinario pero con sentido del honor y que no rehúye de su más primitiva condición) como para la subtrama (dos hombres de mundos opuestos que terminan respetándose, aún con traición de por medio), y en definitiva para este complejo dibujo que construyen los guionistas y que alcanza su esplendor con esa muerte fraternal, a cargo, al fin y al cabo, del mismo sistema que debía salvarles.

En la línea de cierto tipo de cine de género, ésta es una de esas historias en las que interesa más el camino que la meta –entendiendo la película como artefacto para articular un mensaje–. Esto suele ser así cuando el protagonista carece de objetivo interno. El relato no plantea ninguna situación inicial en el que se defina al personaje a nivel moral (no tiene una opinión o historia personal que se confronte de algún modo con el mundo que se nos está a punto de descubrir) y que, una vez motorizada la historia, pueda dar lugar a ese pulso trama externa-interna que termina provocando un cambio interior, un replanteamiento en la escala de valores del personaje. Es decir, aquí tenemos a un personaje bastante uniforme (un tío normal y afable al que se mete en la cárcel) y un desarrollo de la historia que recae exclusivamente en la acción, en aquello que pasa a nivel externo, en la lucha del personaje por sobrevivir. Por eso no es tan importante la meta como la peripecia pura y dura, las acciones que un personaje proactivo va realizando para evitar ser descubierto, porque, desde el primer minuto, el relato no pretende contar una historia de personaje sino de acción, y es la acción lo que despierta interés y te engancha. La mejor prueba de ello es que la transformación que sufre Juan (de funcionario afable a asesino sin escrúpulos) se produce forzosamente a causa de la experiencia física que vive durante ese día, de la imperiosa necesidad de sobrevivir al motín y retomar su feliz vida, y no de un pulso entre su mundo interno y aquello que le sucede en la prisión (trama y relaciones). Juan cambia impulsado únicamente por las circunstancias externas, dando lugar a un desenlace trágico casi inevitable. Y funciona.

celda-211-960x5651

Algo que tal vez hecho en falta, por no estar del todo aprovechado, es aquello de poner la farsa en peligro. Ese momento en el que el secreto que guarda el personaje está a punto de ser revelado, ya sea por accidente o por intromisión, y el personaje debe atajar el problema para conservar su vida. Ese momento sólo queda expresado en suspicacias y, ya al final de la película, con el chivatazo de Utrilla antes de ser asesinado. Tal vez hubiera podido ser un punto de inflexión interesante en el arco del personaje además de aportar una buena dosis de tensión añadida.

En fin. ‘Celda 211’ me parece de lo mejorcito en cine de género que se ha producido en nuestro país, con un guión de género muy bien urdido y perfectamente ordenado que no deja un respiro (gracias también al magnífico trabajo de montaje), y unos personajes creíbles y muy bien interpretados, con un enorme Luís Tosar a la cabeza, engulléndolo todo.

CÓMO ESCRIBIR UN SKETCH (I): 5 REGLAS BÁSICAS

Sí amigos, este blog sólo cuenta dos semanas de vida y ya ha caído en la contradicción. Para los que se acercan por primera vez a este blog debo recordar que su objetivo original era ser un espacio en el que desmenuzar y analizar aspectos relativos a guiones de películas. Pero a partir de hoy, por el poder que me otorga la titularidad del mismo (esto es, por mi polla), también se hablará de otras cosas. Eso sí, el guión es y seguirá siendo el eje de acción.

Los que me conocen tal vez harán chascar la lengua en señal de incredulidad, pero, mal que les pese, tengo sentido del humor. No llego a nivel ‘descacharrante’, lo sé; no soy Dani Rovira hasta las cejas de porros en una casa de feria andaluza llena de señoras con camisola bailando sevillanas. Yo soy catalán. Sonrío cuando me da la gana, soy más bien asocial y hago bromas oscuras y crípticas con cara de ajedrecista. Hay gente que no lo pilla. A esos yo les digo: “¿Quieres una galleta?”. Bueno, y ya dejo de hablar de mí (eso también es muy catalán). El caso es que la comedia es uno de los terrenos por los que más a gusto me paseo, y ya que me he aventurado cual Bolsón cibernético (¿veis?) a hablar sobre guión también me gustaría dedicar alguna entrada a reflexionar sobre los numerosos mecanismos narrativos que inducen al sano y balsámico acto de reír.

Menudo quiebro de tono para el blog. En fin.

En el primer post confesé mi especial debilidad por el relato corto (en este blog tengo colgados algunos relatos escritos por mí, en miserable catalán). Me gusta porque es un tipo de texto que va al grano, y como escritor te somete a un constante ejercicio de síntesis; de concisión y poda. Es el género de la técnica y la exactitud. Es gasolina narrativa. Te apremia a plantear la historia y a abordarla muy rápidamente, siendo también una lectura apta para gente de aburrirse fácil, como yo. Encauzándolo con el guión: uno de sus equivalentes en el terreno de la narrativa audiovisual es el sketch.

El sketch es un formato que no pretende contar una historia sino explorar un momento cómico y explotarlo con el fin de generar un único efecto: la risa. Para escribir un sketch no se necesitan las grandes estructuras ni los planteamientos dramáticos que requiere una novela o una película. Sin embargo, como toda unidad narrativa, sí que requiere de orden y lógica, y por lo tanto, por pequeña que sea, de estructura. Pero, ojo, no la infravaloremos por su tamaño. El sketch, como el relato breve, exige una construcción y una disposición precisa de lo elementos respecto a la idea para que ésta funcione a su máximo rendimiento. Una pieza mal colocada, un diálogo de más, un giro mal situado, puede ser la diferencia entre la risa salvaje, el leve estiramiento de comisuras o la fatídica indiferencia.

Como es un formato que disfruto bastante –tanto viéndolo como escribiéndolo–, me gustaría, humildemente, exponer 5 reglas que considero básicas a la hora de escribir un sketch. Seguro que hay más, pero el 5 es un número muy comercial. Ahí van.

  1. El sketch está en la idea no en el texto

Un recién licenciado en nanociencia echa un currículum en el confesionario de una iglesia.  Un señor quiere ingresar dinero en un banco de semen. En un coche, una pareja empieza a discutir porque él siempre decide por ella, terminan divorciándose allí mismo y al final una voz telefónica irrumpe: “entonces, ¿patatas bravas o deluxe?”; abrimos plano y vemos que están en un autoburguer. La clave de un sketch está en la idea. No hay tiempo para desarrollar nada complejo (que no es lo mismo que desarrollar un sketch complejo), así que lo más efectivo es que la idea plantee una situación (una acción, un inicio dinámico) y que ésta contenga un conflicto cómico claro. Una vez se tiene la idea, existen recursos para sacar un mayor rendimiento cómico de ella (la exageración, la reiteración, el enredo, el chiste de línea…), pero son recursos complementarios, mecanismos para ‘rizar el rizo’ y elevar el grado de comedia que debería contener la premisa planteada. Del mismo modo, puedes meter unos diálogos muy mordaces y picados, pero si no tienen una buena idea a la que agarrarse se quedarán a medio gas. Vale la pena darle unas vueltas a la idea antes de ponerse a teclear. La idea es clave.

  1. Hay que plantear las situaciones lo antes posible

El sketch suele tener una extensión entre 1 y 3 páginas. No hay tiempo para mucho. Esto tiene que ser un ‘pim, pam, pum’. El conflicto debería quedar definido en el primer tercio del sketch, preferiblemente en la primera descripción o en las primeras líneas de diálogo. No hace falta contar que el recién licenciado va por la calle con un fajo de currículums, se planta frente a la iglesia, la mira dubitativo, se coloca bien las gafas, entra y se acerca al confesionario. Hay que ir al grano. Colocar a los personajes en la arena y enfrentarlos para que empiece la pugna. Tal vez empezar con un chiste rápido: El cura está leyendo la revista ¡Amén!, irrumpe un chico repeinado con gafas de pasta y una mochila mariconera: “Ave María Purísima. Vengo a dejar el currículum”. No olvidemos que el objetivo es provocar risas, y cuánto antes se provoquen mejor. Además, si el sketch tarda en arrancar y tienes dos páginas de margen, es fácil acabar comiéndose parte del desarrollo de la idea y, por tanto, también de la deseable escalada cómica.

  1. Risa ‘in crescendo’

La escalada cómica. Toda la comedia que pueda generar un sketch se debe construir de menor a mayor. Los chistes se deben ordenador de menos a más (la teoría del ‘1, 2, 3’ es tiro seguro). Si quieres expresar lo tacaño que es alguien primero dirás que recoge los céntimos del suelo y al final dirás que si se le incendia la casa en vez de llamar a los bomberos les hará ‘perdidas’. Del mismo modo, el desarrollo de la idea también debe trazar una línea ascendente. Hay un sketch inglés muy gracioso (lo cuelgo abajo) que plantea una terapia de gente con fobias cuyas fobias impiden que la terapia transcurra con normalidad. La idea es genial y regala buenos momentos de comedia gracias a su desarrollo ascendente, a un diálogo de equívocos que se va enredando cada vez más hasta decir basta. Un buen ejemplo de cómo provocar una risa ‘in crescendo’ partiendo de una buena idea y con chistes de línea a su servicio.

  1. Pim, pam, pum.

Entrar rápido, contar rápido, salir rápido. Pim, pam, pum. Las situaciones que tienen lugar en un sketch suelen sustentarse en tres o cuatro pulsos. No son historias profundas, no hay desarrollos paralelos, son situaciones cómicas, anécdotas cazadas al vuelo, y hay que prescindir de todo aquello que no haga avanzar la acción, contribuya al conflicto y la conduzca hacia el puñetazo final.

  1. El puñetazo final.

El ‘punch’. El ‘chimpum’. La cereza. Todo cambia en el último momento. Todo lo establecido hasta entonces estaba al servicio de este giro final e inesperado que lo pone todo patas arriba y te arranca una salvaje carcajada. El sketch te ha explicado algo, ha generado una expectativa, y la verdad es que hasta ahora no era especialmente gracioso. Pero, ¡pum!, faltaba lo mejor, el descubrimiento, la dosis extra, el puñetazo. O no. Tal vez sólo es un chiste que sirve de remate final, pero es un chiste que le da un empujón definitivo a la idea cómica. El sketch es un formato de consumo rápido. Es un pellizquito rápido y ligero entre horas. Es un bombón pequeño pero apetecible e intenso (símiles que se van de madre). El sketch tiene que dejarte con una sonrisa en la boca, y la manera más fácil de conseguirlo es poniendo lo mejor al final, en el último suspiro, antes del corte a negro. De ese modo el relato habrá terminado en alto y el espectador ávido de risas te lo agradecerá antes de pasar al siguiente sketch y se olvide del tuyo para siempre.

Son pautas que suelen encontrarse en la mayoría de sketches. Y de hecho son de bastante sentido común puesto que todas ellas nacen de una misma necesidad: contar algo rápido. A mí me sirve tenerlas en cuenta cuando me pongo a escribir sketches.

En fin. La verdad es que iba a poner un ejemplo por regla, pero es que la mayoría de sketches suelen cumplir estas cinco. Así que aquí van unos cuantos para vuestra buena salud y unos abdominales Hasselhoff.

‘ELS NENS SALVATGES’

Título: Els nens salvatges (Los niños salvajes)

Género: Drama

Año: 2012

País: España

Producción: Distinto Films / Áralan Films

Guión: Patricia Ferreira, Virginia Yagüe

Duración: 100 minutos

els-nens-salvatges  

Resumen

Àlex, Gabi y Oki son tres adolescentes de distinta clase social que estudian en el mismo colegio. A pesar de pertenecer a diferentes estratos de la sociedad les une el hecho de vivir una relación tirante y estéril con los respectivos padres. Àlex sueña con acceder a un curso de grafitis en Ámsterdam, Gabi con poder luchar en los campeonatos de kickboxing y Oki ha perdido la ilusión por todo. Sus vidas se cruzan cuando Àlex se mete en una pelea y Gabi y Oki salen en su defensa. A raíz de ese suceso nace entre ellos una amistad que emplearán de válvula de escape a sus frustraciones, hasta la última consecuencia.  

Estructura

Detonante: Àlex se pelea; Gabi y Oki salen en su defensa.

Primer acto: Nos introducimos en los mundos de Álex, Gabi y Oki. Àlex es un chico irreverente que dibuja grafitis. Quiere estudiar en un taller de arte urbano que se imparte en Ámsterdam, pero sus padres, cuyo bar está al borde de la bancarrota, se niegan a que trabaje para hacer algo que les parece delictivo. Gabi es un chico afable que quiere competir en los campeonatos de kickboxing, aunque no sabe si en realidad es un deseo impuesto por su padre, un hombre recio y machista que le presiona para que entrene y deje de lado los estudios. Oki es una chica taciturna lastrada por la falta de comprensión que muestran sus padres, un matrimonio adinerado más empeñado en que sea la mejor y las más guapa que en escucharla. Además está Julia, una profesora recién llegada a la escuela, de perfil humanista, que trata de enderezar a Àlex contra el escepticismo del profesorado. Paralelamente, tienen lugar interrogatorios a los tres chicos que ocurren en un futuro cercano y que van sugiriendo la idea de un desenlace fatídico.

Primer punto de giro: Àlex, Gabi y Oki se hacen amigos.

Segundo acto (I): Unidos por la incomprensión del mundo adulto, los tres adolescentes forjan un vínculo de amistad. Un sentimiento renovado que se interrumpe cuando Oki recibe una reprimenda de su padre por llegar tarde a casa. Por otro lado, Júlia le dice a Àlex que tal vez ella pueda conseguirle una beca para ir a Ámsterdam, pero necesita que se porte bien. El rendimiento de Gabi empeora bajo la presión de su padre, que encima lo descubre enrollándose con una chica del gimnasio.

Midpoint: Julia le confirma a Àlex que tiene acceso a la beca, sólo tendría que poner algo de dinero.

Segundo acto (II): Pero los padres de Àlex ni pueden ni quieren dárselo. Gabi y Oki tratan de conseguir algo de dinero para costear el viaje de Àlex, pero no lo consiguen. Gabi se niega a rematar a un contrincante y su padre lo desapunta de los campeonatos. Frustrado, Gabi pega a su hermano. Oki sigue bebiendo, hasta que un profesor se percata: Àlex sale en su defensa y termina agrediéndole.

Segundo punto de giro: Àlex pierde la beca para ir a Ámsterdam.

Tercer acto: Resentido y sin salida, Àlex destroza el coche del profesor, pega a su padre y roba dinero de la caja registradora del bar. Más unidos que nunca, los tres jóvenes planean un viaje sin retorno. Pero tras pasar la tarde en una playa de Barcelona, Gabi y Àlex se desdicen. Oki no da crédito.

Clímax: Oki provoca un incendio que mata a sus padres.

Protagonista: Àlex, adolescente incomprendido dispuesto a desafiar la tiranía del mundo adulto.

Antagonista: Padres, escuela…

Objetivo del protagonista: Participar en un taller de arte urbano en Ámsterdam (externo) y encontrar algo de afecto y comprensión (interno).

Aliados: Oki, Gabi y Julia.

Barreras y reveses: sin dinero, padres se oponen, pierde la beca…    

Mi análisis

Lo primero que llama la atención de ‘Els nens salvatges’ es su estructura. El guión empieza con tres bloques a modo de prólogo de las tramas de cada personaje (separados por insertos con los nombres), con el suceso de una pelea como punto de encuentro entre ellos. Además, se intercalan constantes flashforward de entrevistas que sugieren un desenlace fatídico (en detrimento, tal vez, del suspense que se pretende y de la intensidad climática del desenlace). El suceso de la pelea funciona de detonante para las tres tramas, tramas que luego se trenzan y destrenzan (entran y salen) entorno a una subtrama de amistad.

A mí siempre me han dicho que aunque se trate de una peli coral o de vidas cruzadas siempre hay un personaje que lleva el peso narrativo y dramático de la historia, y que ese debe ser el protagonista. No tengo claro que eso siempre sea así (tras el visionado de según qué película es fácil tener la sensación de haber asistido a un relato conjunto, sin pesos autónomos, como en ‘Amores perros’ o ‘Crash’). En este caso creo que sí existe un protagonista que es Álex, por varias razones. La primera es que el guión empieza con él; es la carta de presentación y el espectador (que viene del mundo real y acepta el juego de adentrarse en un nuevo mundo) le adjudica instintivamente el protagonismo. La segunda es que es el personaje más carismático: un chico rebelde, visceral, tenaz, con sentido del honor y del humor, amigo de sus amigos, autosuficiente, rudo, tierno… y además, de los tres, es el que propone un conflicto más dinámico (quiere ir a Ámsterdam, a un taller de arte urbano, pero no tiene dinero). El tercer motivo por el que se puede considerar a Àlex el prota es que llegado a un punto del guión las tramas de Gabi y Oki se ponen al servicio de la de Àlex (cuando éste necesita dinero para la beca). Una cuarta razón podría ser que de los tres actores el que encarna el personaje de Àlex es el más famoso (protagonista de la serie ‘Polseres vermelles’), y ya se sabe que el nombre del actor suele determinar su grado de protagonismo. Pero eso ya es harina de otro costal.

els-nens-salvatges-1

Desde luego, ha sido complicado detectar cuál era el detonante de esta historia, dado que, como decía, la trama principal se desarrolla sobre una línea narrativa trenzada en la que no hay una cuestión dramática central (acaso la que concierne a Àlex, aunque a la postre el clímax central de la historia concierne a la trama de Oki) y dónde el entramado de sucesos que incumben a los tres personajes terminan por constituir la propia historia. En este caso, se podría decir que aunque el mayor peso dramático y narrativo recaiga en Àlex, es el trinomio Àlex-Gabi-Oki (representando el tema de la película: los adultos no comprenden a los adolescentes) el ‘personaje’ que conduce el también trinomio de tramas. Buena prueba de ello es que el guión empieza planteando la cuestión dramática de Àlex pero termina cerrando la cuestión dramática de Oki. La explicación a esto, en mi opinión, es que son cuestiones dramáticas de misma base temática y por lo tanto permutables: son adolescentes incomprendidos por aquellos que los educan, y su lucha es conjunta.

Digo que me ha costado detectar el detonante de este guión, pero siendo rigurosos debería decir que he escogido un nudo en función de lo antes mencionado; en este caso el de la pelea, puesto que representa el momento en que las vidas de tres incomprendidos (trinomio personaje) se encuentran para luchar contra el mundo de los adultos (trinomio trama). La construcción fragmentada mediante bloques introductorios en los que descubrimos cuál es el mundo de cada personaje, incluyendo los tres puntos de vista de la pelea, constituye el primer acto. En él se nos plantea cada cuestión dramática y sus fuerzas antagónicas: Àlex quiere viajar hasta Àmsterdam y estudiar en un taller de arte urbano pero no tiene dinero ni la confianza del profesorado (sólo de la recién llegada Julia), Gabi va a competir en los campeonatos de kickboxing bajo la presión de un padre mezquino y Oki sufre la incomprensión de unos padres adinerados que dirigen su vida. Hasta que sus vidas se cruzan definitivamente de un modo bastante plácido y casual: los tres jóvenes se topan en el parque y congenian. Tres almas errantes encuentran un refugio cómplice e íntimo en contraposición al mundo cruel y extraño de los adultos. Primer punto de giro.

c08059_frame_es_001__600x450

Este primer punto de giro da lugar a una ‘secuencia de colegas’ (de nuevo ‘Juegos y risas’) dónde se reafirma el vínculo entre los personajes. Pero la bonanza toca a su fin con una barrera, en este caso una contraintención para Oki (en su búsqueda de la liberación), que recibe una reprimenda de su padre al llegar a casa a las tantas de la noche. De vuelta a la realidad; sólo ha sido un espejismo.

Lo que sigue entonces es una sucesión de nudos trenzados que alternan sucesos positivos y negativos para sendas tramas (Àlex tiene a tiro una beca para ir a Ámsterdam, Oki recibe un regalo que no suple su falta de cariño, Gabi sufre la presión de su padre, que le anima a anteponer el campeonato a sus estudios, mientras en la aula de profesores tiene lugar un acalorado debate sobre el futuro de Àlex…) hasta que Julia le confirma a Àlex que tiene acceso a la beca. Un midpoint que representa una falsa victoria para el protagonista: para acceder a la beca necesitará poner algo más de dinero, pero Àlex no dispone de ese montante. Aunque no todo está perdido, ahora tiene amigos.

A partir de entonces, el segundo acto se desarrolla sobre un contrapunto: Oki y Gabi hacen lo posible por conseguir algo de dinero con el que ayudar a Àlex a costearse el viaje, pero de nuevo se interpone la hostil figura de los padres, que se niegan y además se refieren a su nuevo amigo de un modo peyorativo. Unos obstáculos que, irónicamente, repercuten positivamente en la subtrama de amistad. Sendas barreras representan un nudo de inflexión en las respectivas tramas (su segundo punto de giro), reafirman su resentimiento hacia el mundo adulto a la vez que tienen su reverso positivo en la amistad de los tres jóvenes (subtrama), que se estrecha definitivamente.

Las tramas argumentales de Àlex y Oki confluyen cuando un profesor descubre que Oki ha estado bebiendo: Àlex sale en su defensa y termina agrediéndole (segundo punto de giro). De ese modo Àlex pierde aquello que más quiere, su sueño y su salvavidas, aunque lo hace en defensa de algo que tal vez sea más valioso como lo es la amistad. Una escalada de acontecimientos cruzados que se construye al servicio de este revés emocional (que hace a Àlex más protagonista) y que impulsa la historia hacia un nuevo escenario, de peores condiciones.

c08059_frame_es_004__600x450

Cabreado, Àlex destroza el coche del profesor, pega a su padre, decide robar el poco dinero que atesoran sus padres en la caja registradora del bar y huye. Sin un atisbo de luz al final del camino, los tres amigos plantean un viaje sin retorno que termina aguándose en la playa de la Barceloneta. La euforia inicial de un horizonte mejor se diluye ante la cruda realidad de una gran urbe cuyo metro cierra pasada la medianoche y engulle las fantasías adolescentes. Àlex y Gabi vuelven a tocar de pies en el suelo provocando el desconcierto de Oki, que se siente definitivamente abandonada. Su reacción es definitiva: quema la casa de sus padres, con ellos dentro.

El pensamiento que le asalta a uno tras asistir a ese desenlace se puede resumir en una palabra: desproporción. En mi opinión, existe un desequilibrio de intensidades entre lo que les ocurre a los chicos y la decisión final de Oki de matar a sus padres. Ni el conflicto de Oki ni las circunstancias que vive parecen de suficiente magnitud dramática como para terminar matándolos. Más bien parece que Oki padece un trastorno mental (tal vez provocado por su historia, pero no queda claro). No sé, esa fue mi sensación. Tal vez hubiera sido conveniente ahondar algo más en la herida de Oki; por ejemplo, mediante una traición mayor por parte de sus nuevos amigos, más allá de la de haber puesto fin al arrebato del viaje (pensándolo, se me ocurre que la subtrama amorosa Àlex-Oki tal vez no esté del todo aprovechada y se queda a medio gas).

Además, ese desenlace desmedido (telegrafiado, por cierto, por los flashforwards de las entrevistas), junto con un retrato algo uniforme y cliché de la figura de los padres (reiteradamente insensibles a los problemas de sus hijos), creo que termina por componer un dibujo algo banal de la realidad adolescente y reduce el potencial dramático de la historia casi a una pataleta de consecuencias exageradas. Mi sensación es que en esa línea que va de la A a la Z, tal vez falten algunas letras.

2012_04_30_IMG_2012_04_30_123A513A47_692760_3

Puede parecer raro que la historia no termine con el mismo personaje (y su cuestión dramática) que abre la película. Deja una sensación de relato inacabado. El último nudo en el que aparece Àlex se emplea para mostrar a una madre resignada, que le da el dinero a su hijo para que se vaya y “deje de ser su problema”. Tal vez me hubiera gustado ver a Àlex montando un buen pollo en vez de ese desenlace agridulce y con flojera. ¿Y si hubiera sido Àlex el pirómano? Su historia, su lucha por lograr un objetivo (su salvación) que él mismo trunca, anteponiendo la amistad a sus propios intereses, forjándose como héroe pero pagando el precio de ser derrotado por el implacable mundo adulto, a priori da más pie a ese final de tragedia, a esa ‘quema de naves’ cómo único margen de maniobra y camino hacia la propia paz. Además, que el chico es un vándalo y le pega más.

En fin. Más allá de lo acertado o no de mis anotaciones, ‘Els nens salvatges’ me parece una buena película para ver, con un guión plausible y atrevido. Àlex (¿un guiño a ‘La Naranja Mecánica’?) me parece un personaje muy carismático y ‘querible’.

Ah, y el guión está muy bien dialogado.

‘DALLAS BUYERS CLUB’

MV5BMTYwMTA4MzgyNF5BMl5BanBnXkFtZTgwMjEyMjE0MDE@._V1_SX214_AL_

Título: Dallas Buyers Club

Género: Drama / biopic

Año: 2013

País: USA

Producción: Truth Entertainment / Voltage Pictures

Guión: Craig BortenMelisa Wallack

Duración: 116 min

Presupuesto: 5 millones

Beneficios: 50,2 millones

 

Resumen

Dallas, 1985. Ron Woodroof es un vaquero homófobo y drogadicto que es diagnosticado de SIDA y al que supuestamente le quedan 30 días de vida. Tras seguir un tratamiento experimental pero legalizado que casi le mata, Ron viaja hasta México dónde da con una droga de curso ilegal en USA, pero mucho más eficaz. Pasan los 30 días y no se muere. Entonces, con la ayuda de la Dra. Eve Saks y Rayon, una paciente transexual con la que entabla amistad, Ron crea el ‘Dallas Buyers Club’: un club para traficar con antivirales de todo el mundo y suministrárselos a pacientes como él. Pero la FDA, la industria farmacéutica y los propios médicos del hospital integrados al sistema no se lo pondrán fácil.

Estructura

Detonante: Ron es diagnosticado de SIDA: le quedan 30 días de vida.

Primer acto: Ron descubre que el SIDA también se transmite heterosexualmente. Su círculo más cercano, entre ellos su mejor amigo Tucker, le repudian al conocer su enfermedad. Paralelamente, la FDA aprueba el AZT, un medicamento experimental de dudosa eficacia que va a empezar a probarse en pacientes de SIDA. El hospital de Dallas es uno de los centros elegidos para llevar a cabo las pruebas, que además cuenta con la aprobación de la mayoría de médicos, menos de la Dra. Eva Saks.

Ron se las ingenia para conseguir AZT a través de un enfermero del hospital hasta que éste le dice que ya no tiene más y le recomienda que acuda a un médico. Entonces el AZT hace su verdadero efecto, y Ron cae desmayado. En el hospital conoce a Rayon, una transexual que también padece la enfermedad.

Primer punto de giro: Ron viaja hasta México dónde acude a un doctor que le suministra una nueva droga, de curso ilegal en USA, pero mucho más eficaz (minuto 38, coincidiendo con el ‘fatídico’ día 30).

Segundo acto: Mientras Eva lucha por demostrar a su superior la nocividad del AZT, Ron y Rayon crean el Dallas Buyers Club: un negocio de tráfico de eficaces antivirales para pacientes con SIDA.

El negocio prospera. La homofobia de Ron se atempera hasta el punto de defender el honor de Rayon ante su antiguo amigo (y homólogo homofóbico) Tucker. La relación entre Ron y Eva se estrecha.

Pero llegan los problemas. Por un lado, Rayon empieza a drogarse y su estado empeora. Por el otro, la FDA trata de eliminar al club con una auditoría primero y una dura confiscación después que deja el negocio en mínimos. Ron le pide a su abogado que solicite una orden de restricción contra la FDA.

Rayon consigue dinero de su padre para seguir comprando, Ron roba hojas de recetas del hospital y viaja hasta México en busca de más género.

Segundo punto de giro: el estado de salud de Rayon cae en barrena y muere.

Tercer acto: Ron culpa al doctor que le suministraba AZT de su muerte. Ron vuelve a las andadas de los excesos y su salud empeora. Eva renuncia a su puesto de trabajo. Ilegalizan el tráfico de medicamentos no catalogados, niegan la orden de restricción y Ron hace campaña contra el AZT. El caso llega a juicio, dónde finalmente la ley se impone al sentido común y el caso queda desechado.

Protagonista: Ron, enfermo de SIDA dispuesto a desafiar la administración y el sistema farmacéutico.

Antagonista: los ‘integrados’ (gobierno, FDA, doctor superior, círculo de amigos…).

Objetivo del protagonista: demostrar la eficacia de los medicamentos alternativos frente a los farmacéuticos.

Aliados: Eva, Rayon, pacientes…

Barreras y reveses: repudio social, sin suministro, auditoría, confiscación, sin recetas, muerte de Rayon…

 

Mi análisis

Si alguna virtud tiene el guión de ‘Dallas Buyers Club’ es, primero, su potente protagonista, y segundo, su empaque narrativo. La primera virtud es casi una obligación cuando hablamos de un biopic. La segunda es mérito exclusivo de los guionistas. En mi opinión, la historia avanza con absoluta fluidez, integrando de un modo muy natural las tres líneas de conflicto (argumento, subtramas y arcos), en constante desarrollo confluente y todo vertebrado a través de un personaje principal de poderoso atractivo. Es decir, consigue lo que todo guión debería conseguir –lo cual no hace menos relevante el hecho de recordarlo–.

Si bien se trata de un biopic, resulta llamativo que los personajes de Eva y Rayon sean ficticios (y es que a veces las cosas que nos pasan en la vida, por muy interesantes que sean, piden orden y técnica para devenir narrativamente interesantes). Pero viendo la película uno se da cuenta de lo importante que es crearle estos aliados al protagonista, en pos de abordar la cuestión dramática con plenas garantías. En primer lugar porque Eva personifica el tema de la película (negocio vs salud); en ella recae el dilema entre obedecer a la legalidad o al sentido común. Además, ella es el confidente de Ron dentro del hospital (aliado dentro del sistema) y ambos protagonizan la subtrama amorosa de la película –si bien es un amor que no se materializa explícitamente dado el contexto histórico y que los guionistas, inteligentemente, deciden cosificar mediante un cuadro que Ron le regala a Eva, en un acto de amor simbólico–. Por otro lado, la presencia de un personaje transexual como Rayon ejerciendo de aliado de un personaje homófobo responde a una sencilla pero muy efectiva estrategia dramática que consiste en ‘meter al personaje allí dónde nunca se metería por si solo’, o lo que es lo mismo, construir caracteres extremadamente opuestos y acercarlos para que tenga lugar el bendito conflicto y sus provechosos réditos dramáticos, en este caso en forma de arco de aprendizaje para el personaje: Ron pasa de ser un homófobo cerrado a llorar la muerte de un transexual. Hace poco leía en el fantástico blog de Ana Sanz-Magallón algo así como que si quieres acabar contando algo empieza por contar lo contrario. Pues eso.

AMF_7277 (341 of 376).NEF

‘Dallas Buyers Club’ propone una estructura clásica muy propia del cine americano. Todos los puntos en la íes. El primer acto es paradigmático, o al menos a mí me parece de lo más efectivo: una presentación del mundo, el personaje y las fuerzas opositoras atractiva y coherente, una cuestión dramática potente y clara, y un fructífero campo de minas en forma de barreras para el protagonista (30 días de vida, sin AZT, sin apoyo de tu mejor amigo, y cuando por fin consigues AZT, casi te mata) que da cuenta del apego que el tozudo vaquero le tiene a su vida y prometiendo, tras el hallazgo del tratamiento alternativo (1er PG), un segundo acto con altas dosis de conflicto.

El segundo acto acostumbra a verse como un temible abismo sobre el cual el guionista debe tender un puente. Y cuanto más complicado y peligroso sea el paso, mejor. Pero antes de poner el pie sobre el primer tablón en falso suele tener lugar lo que el guionista Blake Snyder llama en su libro ‘¡Salvar al gato!’ la fase de ‘Juegos y risas’, que como su propio nombre sugiere es el momento ligero de la película, oasis para trama y subtramas antes de que todo se ponga patas arriba y también dónde se cumple la promesa de aquello que se quiso vender en el cartel: aquí, el tráfico de drogas. Aunque ya se sabe que no hay que hacer caso ciego a estas fórmulas, la verdad es que en ‘Dallas Buyers Club’ también hay un momento de ‘Juegos y risas’. Sin embargo, en mi opinión, las fases que propone Blake adolecen de ser demasiado encorsetadas (de hecho, la dinámica del libro del malogrado guionista es la de clasificar y pontificar sobre cómo debe ser un guión, motivo suficiente para leérselo con reservas). Que el relato pida un momento de pausa tras el alud de información dramática del primer acto no significa que este momento de ‘juegos y risas’ esté cerrado a nudos más ‘pesados’ o alternancias con tramas menores que se encuentren en estado de conflicto. De hecho, creo que esa alternancia de intensidades dramáticas puede ser productiva en el proceso de naturalizar el artificio que es cualquier guión, y que en una construcción por segmentos cerrados como la que propone Blake corre el peligro de quedar al descubierto a ojos de cualquier espectador mínimamente avezado. En ‘Dallas Buyers Club’ ocurre algo así. Mientras Ron y Rayon se lanzan al negocio del tráfico de antivirales y la tensión homofóbica se atempera (momento de respiro tras un empache de SIDA y olor a muerte), paralelamente, Eva empieza a darse cuenta de los efectos nocivos que tiene el AZT en sus pacientes , lo cual da lugar al primer pulso entre la joven doctora (apocalíptica) y su jefe (integrado), saliendo vencedor éste último. Con esta barrera, correspondiente a una trama menor y que sucede paralelamente al momento de ‘Juegos y risas’ de la trama principal, se refuerza el poder antagónico y nos queda claro que con buenas intenciones no va a bastar para vencer al cínico sistema. Además, el nudo sirve para reafirmar un poco más el compromiso de Eva con la iniciativa de Ron, y también con el mismo Ron. Y todo ocurre en ese momento, en ‘Juegos y risas’ (dobles comillas).

McConaughey_DBC

La segunda parte del segundo acto avanza con sucesivas barreras que van cercando el negocio de Ron (y por extensión, su vida). A las contraintenciones puestas por la principal fuerza antagónica (FDA: control de aduanas, auditoría y confiscación) se le suma una complicación impuesta por su principal aliado, Rayon, que empieza a consumir droga. Esta barrera no afecta de un modo directo a la trama principal (no afecta especialmente al negocio) y funciona más bien de anticipación de lo que posteriormente se convertirá en un revés emocional para Ron (2 PG y clímax de la subtrama). Creo que en este detalle reside el valor diferencial de la estrategia emocional orquestada por los guionistas: los problemas no sólo proceden de aquella fuerzas que hemos señalado antagónicas en primer término y que son de afectación externa sino que, imprevisiblemente, también pueden originarse dónde menos te lo esperas, es decir, en las fuerzas aliadas, en casa, en aquellas personas que te importan. En este caso, el nudo ‘Rayon empieza a drogarse’ tiene lugar cuando su relación con Ron empieza a cambiar ya de tendencia. Ron ha cambiado un poco. De no ser así le hubiera dado la patada en aras de preservar la salud del negocio. Pero no lo hace, aprecia a Rayon, se preocupa, tal vez no lo dice, pero lo hace. El deterioro de Rayon tiene su reverso positivo en el arco de Ron, que alcanza el culmen emocional con su muerte: el negocio ya no importa, importan las personas, independientemente de su orientación sexual. El problema, a priori externo, se ha convertido en revés emocional, y por extensión en una anagnórisis interna. El objetivo sigue siendo el mismo, pero ahora ya no sólo es importante porque al protagonista le va la vida en ello, ni por dinero, ahora es una cuestión de humanidad: sistema, no me gusta que mates a buenas personas, ¡voy a por ti!. No se me ocurre mejor ejemplo de cómo engarzar argumento, relaciones y arco de un modo tan simbiótico (es retórica, se me ocurre alguno).

El tercer acto coge el impulso de ese revés emocional para, primero, meter a Ron en un pozo que parece definitivo: jodido, empieza a beber y su salud empeora, mientras que la FDA sigue estrujándole. Pero gracias a Eva, con la que comparte el duelo, Ron afronta la gran batalla final –en este caso, judicial– contra el monstruo. Como suele ocurrir en los biopics, el desenlace está bastante sujeto a lo que fue la realidad de los hechos (Ron perdió el litigio, aunque en el epílogo informativo de turno se nos dice que esos medicamentos que vendía terminan por legalizarse), pero para entonces ya hemos realizado el viaje esperado y nos damos por muy satisfechos.

27LETO1_SPAN-articleLarge-v2

Dicen algunas voces que ‘Dallas Buyers Club’ invierte demasiado tiempo en mostrar la parte del tráfico de drogas en detrimento de ahondar algo más en la postura de las farmacéuticas y en esa dialéctica más sesuda. Pero en mi opinión, hubiera perjudicado el ritmo de la película, que es excelente, y sobre todo creo que hubiera acarreado una merma en el fino entramado emocional de las relaciones que construyen Craig Borten y Melisa Wallack. También dicen que se hace un retrato ligero y frívolo de los enfermos de SIDA. No lo creo. Una cosa es pretenderlo, y otra bien distinta es no hacerlo y que el tono elegido para contar la historia (que no necesariamente tiene que estar sujeto a la gravedad de los temas que trate: es lo divertido de ser libre) te lleve a dibujar cosas de soslayo. De todos modos, no creo que sea el caso. Ron encarna el drama de la enfermedad. Lo que ocurre es que también es homófobo y un depravado sexual y esnifa cocaína. Vale, para anuncio del Ministerio de Fomento no sirve.

En Fin. Seguro que ‘Dallas Buyers Club’ tiene sus dolencias, pero yo creo que este guión funciona como un tiro. Y eso que ganó Her…

1. INT. HABITACIÓN ARNAU. OJO ARNAU. NOCHE

Hola amig@s,

Me llamo Arnau, tengo 27 años y quiero explicaros de qué va esto.

Como la mayoría de gente que siente inquietud por las artes creativas (‘el gusano’), lo mío con lo de leer y contar historias viene de la convulsa adolescencia (auténtico punto de giro de la vida, ese). Mi dieta narrativa se componía de novelas y relatos breves; sobre todo relatos breves. Con el tiempo, y tras un alud de preguntas existenciales semiresueltas, mi interés por leer historias devino en curiosidad por saber cómo se construían. Era mi lado racional abriéndose paso entre tanto empache de emociones desaforadas y descontrol. ¡Un dique, por favor! Entonces empecé a leer de otra manera. Leía releyendo, deteniéndome y escaneando párrafos, frases y diálogos. ‘¿Por qué?’, esa era la consigna. Paralelamente, mi interés por el formato audiovisual se iba acrecentando, hasta hacerse fuerte. Empecé a leer cosas de guión (Syd Field, Ronald Tobias, Escalonilla…) y tiempo después accedí al Máster de guión de ficción de cine y tv de la UPSA dónde tuve la oportunidad de absorber sabiduría ajena y contrastada y otras tantas cosas a una provechosa velocidad de horario lectivo. Me recuerdo ese año, creyéndome guionista. Qué hartazgo de felicidad.

En fin. Eso acabó, y entonces salimos a la calle y nuestras pupilas se contrajeron.

Como el máster no era un fin en si mismo sino un ‘checkpoint’ más, de vuelta a la vida corriente seguí escribiendo y leyendo. Eso, un tiempo largo, hasta hoy. Recientemente he tenido la enorme fortuna de acceder a la beca ‘DAMA AYUDA’, por la que, durante un periodo de seis meses, ocho personas procedentes de distintos lares de la península estaremos desarrollando los respectivos guiones de largometraje con la supervisión, asesoramiento o como se le quiera llamar, de un guionista profesional (en mi caso, David Muñoz). Este suceso me ha devuelto de lleno a las andadas de la teoría guionística, con la que nunca está de más reencontrarse (ya se sabe que en el ejercicio de revisar siempre surge un nuevo conocimiento que antes era invisible). Y de hecho, gracias a este reencuentro, he vuelto a engendrar ‘el gusano’, esta vez con más cabeza que corazón, con hambre de profundizar en los entresijos de la teoría narrativa para, posteriormente, aplicar los réditos teóricos al desarrollo de guiones propios. Y hete aquí este blog. Se podía haber resumido con un ‘quiero seguir aprendiendo’. Pero ya está escrito. Y sigo.

En este blog voy a desmenuzar películas que haya visto recientemente o que me parezcan interesantes de analizar por motivos relacionados con su guión. Para ello voy a utilizar una plantilla empleada en algunos análisis de películas publicados en el blog de guión por excelencia en España, bloguionistas. Vaya por delante que mi objetivo es de base humilde y parte de una vocación de auto-aprendizaje. No se trata de pontificar, ni de dar lecciones (aunque a veces el uso de la retórica hace que suene de ese modo). Ni puedo, ni quiero. De hecho, os anticipo que voy a caer una y otra vez en la imprecisión y la vaguedad. Diré perogrulladas. E incluso las diré mal, y dejarán de serlo para mí. No pasa nada. De eso se trata. Mi intención es abrir un espacio común desde dónde observar guiones, hablar de ellos y pulir ojos. Mi objetivo es seguir hurgando en esta masa espesa y terciopelada que es el arte de escribir guiones y hacerlo de un modo autocrítico y omnidireccional. De nada me sirve ofrecer mi punto de vista si, al otro lado del ciberespacio, no tiene lugar una réplica. En la fricción está el progreso, que dicen. Así que invito a todo aquel que como yo albergue ‘el gusano’ del guión a pasearse de vez en cuando por aquí.

Mi curiosidad os lo agradecerá eternamente.

Arnau