PILOTANDO: ‘CITES’


Son contados los remakes de series extranjeras que se han producido en nuestro país. Aunque vista la calidad de algunos de ellos tal vez debamos agradecer, por una vez, el espíritu mojigato que con tanto ahínco exhiben nuestras cadenas cuando llega la hora de arriesgar. En nuestro recuerdo permanecerán imborrables para NUNCA jamás chascos como ‘Cheers’ (2011), ‘Mesa para cinco’ (2006; remake de ‘Cinco Hermanos’) o un inadvertido remake de CSI protagonizado por José Coronado, titulado ‘R.I.S. Científica’ (2007). Otros casos corrieron más suerte con las audiencias (su calidad, a gusto de cada uno), como fueron ‘Yo Soy Bea’ (2006; remake de la exitosa telenovela colombiana ‘Betty la Fea’), ‘Sin tetas no hay paraíso’ (2008; homóloga de la también colombiana) o ‘Doctor Mateo’ (2009; remake de la británica ‘Doc Martin’). También recordamos el caso de un remake que apuntaba maneras como fue el de ‘La Chica de Ayer’ (2008; versión de la mítica ‘Life on Mars’), que acabó siendo tristemente arrojada a los tiburones por no pasar el corte de la audiencia (ley sacra que somete la voluntad del hombre en La Tierra, y en los despachos).

Pero ‘The Times They Are Changing’, amigos. Bueno, un poco.

En 2013 la cadena británica Channel4 sacó a la luz ‘Dates’, una serie cuya premisa venía a plasmar un fenómeno sociológico relativamente reciente como lo son las citas por internet. Al tiempo, lo hacía proponiendo un formato distinto a lo que se suele ver: cada capítulo (de 30min) contaba la historia de dos personas que quedaban por primera vez. Con ese punto de partida, la serie actualizaba el género de las comedias románticas a nuestro tiempo, y ofrecía la posibilidad de adentrarnos en la vida de un variado surtido de personajes (con sus contrapartidas en lo que refiere a ritmo de serie, aunque te acostumbras, como en ‘In Treatment’). El caso es que gustó tanto a público como a crítica, lo cual no evitó que la cadena británica prescindiera de ella y la serie no pasara de su primera temporada (exacto, los caminos de la ficción televisiva son inescrutables, yo también lo creo).

Sin embargo, en 2015 TV3 sorprendió haciéndose con los derechos de la serie británica para producir su versión catalana (posteriormente doblada al castellano). Así nació ‘Cites’ (TV3, Arca), una serie que sería dirigida por uno de los directores con más pegada en el panorama audiovisual catalán y español como lo es Pau Freixas (‘Polseres Vermelles’), y que en su primera entrega ha contado con actores y actrices de la talla de Eduardo Noriega, Laia Costa, Jordi Sánchez, Eva Santolaria o Aïda Folch, entre otros. La principal diferencia con su homóloga inglesa es que cada capítulo de ‘Cites’ cuenta dos historias en vez de una (con el añadido de minutos que eso conlleva, aunque sin llegar a los tediosos 70min marca de la casa patria). A pesar ser un producto con matriz, ‘Cites’ tiene voz propia. Una voz que se articula mediante la plasmación de una manera de relacionarse particular y distinta a la británica y que queda reflejada en los personajes y sus idiolectos, en el discurrir de las situaciones (el marcado carácter mediterráneo impone sus derroteros), y por supuesto, en los paisajes de una Barcelona como telón de fondo (reconocible pero a veces demasiado ‘chic’ para mi gusto). Una buena factura técnica y una BSO deliciosa que ha causado furor entre sus fans (es muy rollo ‘chica sensible y atormentada con un punto de esperanza’, pero oye, mola), son motivos de más para darle al PLAY.

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Esta semana se ha estrenado la segunda temporada. Y como ocurre con los propósitos de fin de año, el arranque de una ‘season’ siempre se antoja un buen momento para proponerse ver la serie entera, –en el caso que aún no hayas empezado, claro–.

De momento, os dejo con el análisis que he hecho del capítulo piloto, que para mí es uno de los mejores que han emitido hasta el momento. Primero, el desglose de tramas:

 

TRAMA MARTÍ-BLANCA

TITULAR: BLANCA ES PIJA Y MARTÍ UN MACARRA, PERO ENTRE ELLOS SURGE UNA ATRACCIÓN

  1. BLANCA Y MARTÍ SE ENCUENTRAN. ELLA ESPERABA A UN ELEGANTE ABOGADO Y SE ENCUENTRA A UN MACARRA.
  2. BLANCA QUIERE HUIR PERO MARTÍ LA DESCUBRE. DISCUTEN Y ELLA SE LARGA.
  3. A BLANCA LE ROBAN LA MOTO Y MARTÍ LE DICE QUE CONOCE A UN CHICO QUE LE PUEDE AYUDAR.
  4. BLANCA DESCUBRE QUE MARTÍ LE HA ENGAÑADO, ES TATUADOR. TAMBIÉN DESCUBRE QUE ES UN BUEN PADRE. DESCRIBE LA MOTO AL CHICO.
  5. BLANCA Y MARTÍ SE SINCERAN.
  6. BLANCA Y MARTÍ SE ESTÁN A PUNTO DE ENROLLAR, PERO APARECE EL CHICO: HA ENCONTRADO LA MOTO. AL FINAL SE ENROLLAN.
  7. TAG: BLANCA SE VA AL LEVANTARSE, SIN HACER RUIDO. ANTES DE SALIR POR LA PUERTA, SE TOPA CON LA HIJA DE MARTÍ.

 

TRAMA ONA-ÀLEX

TITULAR: ÀLEX DESCUBRE QUE ONA LO HA UTILIZADO DE CEBO PARA SEGUIR RECIBIENDO LA MANUTENCIÓN DE SU PADRE

  1. ÀLEX Y ONA QUEDAN POR PRIMERA VEZ EN UN RESTAURANTE. SON TAL PARA CUAL.
  2. APARECEN LOS PADRES DE ONA. ÀLEX HA ESTUDIADO OFTALMOLOGÍA, COMO EL PADRE DE ONA. LA MADRE LES PROPONE SUMARSE A LA CENA, ONA DICE QUE NO.
  3. EL PADRE DE ONA LE PROPONE A ÀLEX IR A CENAR A CASA UN DÍA. ONA SE NIEGA. EL PADRE LE DICE QUE PUEDE ENCHUFARLO EN UNA CLÍNICA. ÀLEX ACEPTA.
  4. ÀLEX DESCUBRE QUE ONA LE ESTÁ UTILIZANDO PARA RECIBIR DINERO DE SU PADRE. ÀLEX LE DICE SI NO CONSIGUE EL NÚMERO DEL DIRECTOR DE LA CLÍNICA SE LO CUENTA A SUS PADRES.
  5. EN LA CENA, ÀLEX SE GANA LA ADMIRACIÓN DEL PADRE DE ONA. EL PADRE HUMILLA A ONA.
  6. ONA HUMILLA A ÀLEX POR SER UN PRINGADO ROMÁNTICO. ÀLEX LE HACE VER A ONA QUE, A PESAR DE TODO, EL AMOR ES LO ÚNICO QUE VALE LA PENA. ÀLEX RENUNCIA AL TRABAJO. ONA SE ARREPIENTE.
  7. ONA SE SINCERA Y LE DICE QUE EN REALIDAD NO ES UN PRINGADO. LE PREGUNTA A ÀLEX SI NO LE VA A PEDIR QUE SUBA. ÀLEX LE DICE QUE NO Y LE HACE VER QUE NO TODO ES SEXO.

 

Ya lo hemos comentado en otros análisis de capítulos piloto, pero no está de más recordarlo: un primer capítulo de serie posee singularidades narrativas respecto a los episodios posteriores. El porqué de que esto sea así en realidad responde a un principio bastante lógico, y es que hay que empezar de cero. El espectador carece de cualquier información sobre el mundo al que está a punto de acceder, es un recién nacido al que hay que enseñarle las reglas del mundo al que va asistir, y esto, que es una cosa evidente, impone una línea de trabajo clara a la hora de afrontar la escritura del capítulo y que principalmente se basa en la introducción de todos aquellos elementos que darán forma, continuidad y entidad narrativa a la temporada (personajes, tramas, subtramas, universo…).

Dicho esto hay que señalar que ‘Cites’ no es una serie al uso, así que todo el rollo éste de la ‘naturaleza narrativa de un piloto’ no vale aquí al 100%. Sin embargo, hay ciertas pautas que son asimilables a la de un piloto de serie más ‘convencional’, empezando por la presentación de personajes que encontraremos más adelante en otras historias (con interlocutores distintos) y que serán puntos de confluencia entre las distintas tramas. Es decir, algunas de las tramas tienen continuidad a lo largo de la temporada (otras no), pero de forma mucho más salpicada que en una serie al uso.

Vamos al análisis.

El capítulo abre con un montaje a modo de prólogo musical que mezcla distintas situaciones cotidianas con espacios comunes de Barcelona y que nos va ‘acercando’ al lugar en el que empieza la historia. Un recurso marca de la casa que será recurrente en cada capítulo y que funciona como pista de aterrizaje para cada una de las historias. A su vez, esta especie de prólogos juegan a favor de configurar el universo de la serie ya que van dibujando una Barcelona como representación universal de la gran ciudad, lugar de albergue para miles de vidas e historias anónimas. El efecto que tienen estos ‘dibujos’ es que el espectador tiene la sensación de que la historia a la que está a punto de acceder es sólo una –al tiempo que única– de todas las posibles que transcurren en el constante bullicio humano de la urbe.

El capítulo arranca con la cita entre Blanca (Bea Segura) y Martí (Isak Férriz). Blanca es una chica modosita tirando a pija que queda por primera vez con Martí, un apuesto abogado que ha conocido a través de una aplicación de citas; supuestamente. Porque cuando se encuentran, lo que Blanca descubre es todo lo contrario: Martí es un macarra –o al menos lo parece–. El conflicto está servido. La chica refinada y poco dada a la transgresión debe afrontar su ‘cita perfecta’ con un tío rudo y deslenguado que luce armilla tejana y tatuajes. Dos personajes de naturaleza opuesta que escenifican un pulso universal entre dos modos de ver la vida, y que lanza al espectador –sabedor de que está frente a una comedia romántica– una incógnita que lo mantendrá atento a la pantalla: ¿Puede surgir el amor entre una pija estirada y un punki deslenguado? Comprobémoslo.

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En este sentido, la secuencia inicial funciona muy bien a nivel de presentación de personajes, así como del conflicto que se establece entre ellos y que devendrá en el motor narrativo interno de la trama: Blanca acude a la taberna y busca entre los clientes a su apuesto príncipe, sin embargo quien la interpela es un tipo con pintas de viejo rockero que resulta ser Martí (detonante). Blanca se siente decepcionada y Martí lo detecta enseguida. Blanca trata de huir pidiéndole a una amiga que la llame fingiendo que tiene una urgencia y que necesita que acuda en su ayuda, pero Martí, que parece un tío espabilado al que no se le engaña tan fácilmente, caza sus intenciones. Blanca no tiene más remedio que admitir la treta, pero le reprocha que quien ha mentido primero ha sido él. Los prejuicios de Blanca y el descaro de Martí, –que no se guarda ni una y es puro carisma– provocan el choque de trenes: Blanca se va indignada.

Todos los elementos de esta primera escena están al servicio de la confrontación (empezando por la taberna, lugar en el que Blanca se siente como pez fuera del agua), aunque también apreciamos el lado ‘suave’ de Martí cuando le regala una rosa a Blanca aún sabiendo que quiere huir, o intuimos que Blanca se resiste a salir de su burbuja clasista y admitir que en realidad le gusta lo que está viendo. Pero en líneas generales, el primer pulso sirve para levantar una barrera (cuanto más alta sea mejor) y nos advierte que será muy difícil que Blanca y Martí lleguen a congeniar.

En la misma secuencia tiene lugar el siguiente pulso. Blanca está saliendo de la taberna, enfurruñada, cuando ve a unos tipos metiendo su moto en una furgoneta (1PG). Encima, en un inocente intento de atrapar a los cacos, se le rompe un tacón. Blanca desespera. Entonces, Martí le dice que si quiere él tiene un amigo que puede ayudarle. Con el rifirrafe del bar aún vigente, ella se niega. Pero la verdad es que está desesperada y cuanto más tarde en buscarla peor y no tiene nada que perder y, sobre todo, en el fondo… le gusta el tipo. Así que accede. Este pulso funciona como primer punto de giro de la trama porque rompe con la expectativa de una cita abocada al fracaso y la lanza hacia un nuevo escenario en el que la incógnita (¿congeniarán?) queda renovada. Es decir: que siga la historia.

Estos pulsos dan paso al ‘opening’ de la serie, que mola bastante y es ilustrativo del tema y el universo.

Introducida la primera trama, el capítulo da paso a la segunda: la historia de Àlex (Biel Duran) y Ona (Júlia Molins). De entrada, esta historia propone un punto de partida distinto a la de Blanca y Martí. A diferencia de la otra trama, en la que ya de inicio se confrontan a dos personajes de naturaleza opuesta y el conflicto se ve de forma mucho más clara, en ésta la relación empieza bien. En su primer pulso todo va sobre ruedas, Àlex y Ona parecen tal para cual y no plantea ningún conflicto, si bien no deja de ser una expectativa que deberá romperse en beneficio del conflicto. Es un primer pulso distinto, que se desarrolla en positivo y no plantea ningún tipo de tensión dramática, lo cual tiene su riesgo porque puede incurrir en provocar una indeseable indiferencia o aburrimiento en el espectador. Sin embargo, los guionistas sortean bien ese ‘handicap’ compensando la falta de tensión dramática con un entretenido desarrollo de escena en la que los diálogos (singulares, cercanos, cómplices…) y una primera aproximación a la personalidad de los personajes cobran protagonismo y nos conducen al siguiente pulso de forma lo bastante interesante para que no desconectemos.

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Sin que suceda nada más en esta trama, saltamos a la de Blanca y Martí.

Martí lleva a Blanca hasta el edificio en el que vive, y no es en el ‘upper’ de Barcelona precisamente. Blanca desconfía, pero Martí le dice que su amigo está en su casa, y ella le sigue. Cuando acceden al piso, Blanca confirma sus sospechas y descubre que Martí en realidad no es abogado sino tatuador. Todo este tramo de la secuencia juega a favor de reafirmar el punto de vista de Blanca, que tiene a Martí como a un macarra mentiroso del que no se debe fiar demasiado. Como espectadores estamos del lado de Blanca, porque la información que da Martí es algo ambigua, poco clara, y genera una expectativa de desconfianza. Pero la secuencia toma un giro cuando descubrimos (con Blanca) que Martí tiene una hija y que, en efecto, el amigo existe. La desconfianza se diluye y Blanca tiene motivos para empezarse a fiar de Martí. De nuevo vemos que el desarrollo de la secuencia está al servicio de forjar una relación positiva entre los dos personajes, y lo hace generando y rompiendo expectativas de forma constante, con contrapesos, para hacer más interesante el ‘viaje’.

De vuelta a la trama de Àlex y Ona.

La cita prosigue en el restaurante de lujo cuando, de repente, los padres de Ona entran por la puerta. Ona pone cara de ‘tierra trágame’. Ona presenta sus padres a Àlex, un momento de la secuencia en el que la presencia del padre de Ona cobra mayor protagonismo (esta vez mediante la realización, con planos sostenidos ajenos al diálogo) sugiriéndonos que su papel va a tener importancia en la trama. La secuencia nos ofrece diversa información (los padres son gente adinerada, el padre es suspicaz con las relaciones que tiene su hija, además es oftalmólogo como Àlex…) y avanza sugiriendo distintas tensiones sin terminar de enseñar todas las cartas. Un segundo pulso sin a priori demasiada repercusión en la historia pero que funciona como detonante en tanto que plantea un nuevo escenario, además de sembrar distinta información y sugerir un conflicto, en este caso entre Ona y su padre. El pulso termina cuando los padres de Ona les invitan a sumarse a la cena y Ona la rechaza con cierto nerviosismo. Algo pasa…

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En la escena siguiente tiene lugar el primer punto de giro de la trama. Es el momento en el que toda la información previamente sembrada cobra sentido y catapulta la historia hacia un nuevo escenario. Ona y Àlex deciden ir a tomar algo con el coche de ella. Antes de arrancar, aparece el padre de Ona e invita a Àlex a ir a cenar a su casa un día de estos para conocerse mejor. Ona salta automáticamente para disuadir a su padre (algo pasa…), pero entonces el padre le hace saber a Àlex que conoce al director de una clínica de oftalmología muy prestigiosa y tal vez podría hablar con él, una idea que despierta el entusiasmo de Àlex, que acepta la invitación. Esta primera parte de la escena funciona como confirmación del peligro que cierne sobre las intenciones, aún ocultas pero perceptibles, de Ona, y que quedan reveladas acto seguido: Ona golpea el coche de atrás sin querer y sale a mirar, momento en el que su móvil notifica un mensaje y Àlex sucumbe a la tentación de mirar. De este modo, Àlex descubre que Ona está utilizando su vínculo con la oftalmología para ganarse la simpatía de su padre y así seguir recibiendo su manutención (1PG). Àlex no da crédito, y tras un alegato a favor de las “chicas normales” amenaza a Ona con contárselo todo a sus padres si no consigue el número de teléfono del director de la clínica esa misma noche. La venganza está servida.

Saltamos a la otra trama.

Blanca confirma que Martí no es el macarra sin oficio ni beneficio que se había imaginado cuando ve arropando a su hija. Martí es un buen padre, y poco a poco Blanca parece que aprende a superar sus prejuicios. La secuencia avanza con una escena de diálogo en la que Blanca y Martí, no sin el pertinente ‘tira y afloja’ (ella sigue llamándole mentiroso, él sigue con el tono áspero), se van sincerando y encontrando un espacio de complicidad. Cabe subrayar aquí la puesta en escena, en la que se produce un acercamiento físico (de la distancia al contacto) en consonancia con el acercamiento emocional.

Y saltamos a la otra trama. En este punto del capítulo podemos observar que la alternancia entre una trama y otra se produce en lapsos cada vez más cortos en pos del ritmo episódico, indicándonos que las tramas se van enconando cada vez más. Más tarde veremos que las secuencias se vuelven a espaciar, cuando lleguen esas escenas de ‘verdad’ que debido a su intensidad dramática requieren algo más de recorrido.

Incorporados ya a la cena, Àlex despliega su mejor retórica para ganarse la admiración de los comensales, mientras Ona asiste resignada a la farsa. El padre de Ona está especialmente encantado con Àlex, y aprovecha el momento para reprocharle a Ona que no muestre la misma ambición que Àlex y sea una chica mimada sin oficio ni beneficio (ahí vemos que el padre es más cabrón que la hija). Herida, Ona se levanta de la mesa y se va. El pulso pone en evidencia la relación hostil que viven padre e hija y desvela el lado más sufriente de Ona, que hasta el momento sólo era una niña repelente y maliciosa hacia la que sólo podíamos sentir repulsión. De este modo, empatizamos con ella, y la entendemos un poquito más (aunque yo la sigo odiando).

La escena se traslada al exterior, con Àlex yendo tras ella. Allí Ona vuelve a exhibir su lado más sibilino, menospreciando la idea que Àlex tiene sobre lo que es el amor. Una pulsión de ideas que define a ambos personajes, que escenifica lo lejos que están el uno del otro (renovación de la incógnita) y que como espectadores vivimos necesariamente del lado de Àlex –a no ser que seas un capullo/a como Ona–. La escena se va cerrando cuando Ona sugiere que si la exnovia de Àlex lo dejó sería porque ya no follaban (esa sonrisita TAN irritante…) a lo que Àlex responde haciendo mutis. Antes de que se vaya, Ona le hace saber que su padre está a punto de caramelo, pero Àlex, en un acto de nobleza que lo define y a la que nos rendimos irremediablemente, renuncia a la posibilidad de conseguir el trabajo (2PG), alegato definitivo sobre la importancia del amor incluido. El parlamento deja a Ona moralmente noqueada, que arrepentida le pide perdón y le ofrece llevarle a su casa.

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En este punto del capítulo, volvemos a la trama de Blanca y Martí, que tras unos gintonics están algo más desenvueltos. En esta secuencia el acercamiento entre ambos se consolida mediante una primera escena en la que se utiliza el tema de los tatuajes para ‘cosificar’ una atracción mutua que ya parece evidente. De nuevo, los guionistas ponen tanto los parlamentos como la puesta en escena al servicio del pulso, siendo claros pero no evidentes (siendo sugerentes) y poniendo en juego todos los elementos sembrados anteriormente. En este punto de la trama, la relación está ya claramente decantada hacia el polo positivo, y todo parece indicar que el momento culminante está al caer. Pero…

…justo cuando ya están a punto de enrollarse, la trama nos devuelve al asunto de la moto en un ‘coitus interruptus’ que deja en suspense el ansiado momento en el que los personajes, originalmente opuestos, se funden en un beso. El amigo de Martí ha encontrado la moto de Blanca (2PG), aunque a estas alturas ya entendemos que lo de la moto era la excusa, el catalizador narrativo para contar la historia de dos personajes a priori contrapuestos que terminan sintiendo una poderosa atracción mutua (o sucumbiendo a una verdad que ya estaba ahí de buen principio pero que se negaban a admitir). La relación narrativa –indirecta pero correlacionada– entre el asunto de la moto (objeto) y el ‘viaje’ que realiza la pareja (verdad) queda felizmente ilustrada cuando terminan enrollándose encima de la moto (clímax).

Tras el fogoso desenlace de la primera trama, el capítulo encauza el último pulso de la segunda trama. Con los ánimos más calmados, Àlex y Ona se disponen a despedirse. Después de ver cómo Àlex es capaz de renunciar a su sueño de ser oftalmólogo con tal de defender sus principios, Ona parece rendida a un sentimiento inaudito para ella. La escena anterior ha supuesto un cambio de inflexión en el arco dramático de Ona, que parece haber entendido que si hasta ahora ha actuado de forma cínica ha sido para procurarse una coraza contra sus miedos e inseguridades. La secuencia avanza entre confesiones y el rescate de algunos de los momentos cómplices que han vivido durante la farsa y que ahora, con la verdad desatada, cobran un efecto real y efectivo (‘curso-por-año’, ‘nivel dos’…). La secuencia termina cuando Àlex baja del coche dispuesto a subir sólo a su casa y Ona, sorprendida, le pregunta si no le va a pedir que suba, a lo que Àlex responde con un “¿y mañana qué?” (clímax); un remate definitivo que reafirma a Àlex como ‘chico honrado y bondadoso del que enamorarse’. La trama deja en suspense el futuro de esta relación -que finaliza en positivo y parece que queda abierta a futuros y mucho más halagüeños encuentros.

El capítulo termina con una breve escena a modo de tag o epílogo en la que vemos a Blanca marchando sigilosamente de casa de Martí cuando, justo antes de salir, se topa con la hija de Martí. Tras una breve mirada, Blanca desaparece tras la puerta. Este momento nos traslada a una de las escenas de la trama, cuando Martí le confiesa a Blanca que fue su hija quien la escogió a través de la aplicación. También en otro momento, Martí le explica a Blanca que ha quedado contra chicas, pero que tenían “más piercings que cerebro”. Esta última pincelada parece decirnos que a la hija de Martí le gustaría que su padre se echara novia, que le gusta Blanca, pero que huye como todas las demás. Un final que funciona como posible engarce en tanto que plantea una nueva incógnita de cara a siguiente episodios: ¿La atracción entre Blanca y Martí ha cuajado o sólo ha sido una noche pasajera?

¡Siguiente capítulo!

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